viernes, 19 de diciembre de 2014

UN CAPRICHO MOMENTÁNEO



─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su figura no fue sino un vago recuerdo. No dijo nada, en buena parte porque le hubiera sido imposible. Pero no era ello lo que la enfurecía, sino el aspecto tragicómico ─o patético─ que hubiera resultado de farfullar algunas cosas que le venían a la cabeza. Como unos cuantos insultos.
Lore, en la habitación, debía aguantar la puta mordaza que tenía firmemente sujeta a la boca. Era un segmento de látex rígido encajado con más que mala leche entre los dientes y que le impedían soltar nada más allá de gruñidos húmedos y lacerantes. Las mandíbulas le empezaban a doler y se obligó a relajar la musculatura facial para evitar futuros calambres. El colmo era los finos regueros de saliva que escapaban por las comisuras de los labios en dirección a la barbilla. Patético, o ridículo, o absurdo, o como cojones se quisiera decir, era poco. Y aquel tipo se había largado «un momento».
─Será cabrón…  ─No, no lo había dicho. Solo pensado, pero, eso sí, en voz alta.

jueves, 5 de julio de 2012

ENCUENTRO AMATEUR


Nota: este es un relato de ficción que toma como base hechos reales. Para su narración se ha inventado, transformado y teatralizado lo que se creyera adecuado, principalmente por razones de conocimiento. Desgraciadamente, no estaba allí, en persona, por lo que ignoro lo que pasó más allá de lo que se pudo ver a través de la transmisión, que sí fue real. Por ello, no pretende ser un «publi─reportaje», sino una historia destinada a entretener.
Si a alguien le molesta ello, le quedaría agradecido si solicitara, o incluso exigiera, que se me invitase a presenciar el próximo encuentro entre las muchachas con el único fin, claro está, de tomar notas y así desarrollar un relato fidedigno a los hechos. Enormemente agradecido.
1 KATZE

─¡Conectadas! ─anunció Katze pletórica. Recogió el vaso de tubo de la mesita que había dejado poco antes y dio un largo sorbo a su contenido mientras comprobaba que la webcam instalada en el portátil funcionaba correctamente. A un lateral de la página web que había abierto ─amateur.tv─ se encontró consigo misma; justo al lado, una ventana en blanco que aguardaba la previsible entrada de los primeros visitantes. Estaba convencida de que no tardarían en llegar, y no se equivocaba.
Se dio la vuelta y se encaró con sus dos acompañantes, Bonsay y Shira, esta última, tal vez, la más nerviosa. Movía un pie de un lado a otro, en un ademán que recordaría al de una niña a punto de sufrir un castigo. Katze la observó fijamente y la muchacha correspondió con otra sonrisa trémula que pronto diluyó con su propia bebida.
Las conocía a ambas, la morena de sonrisa traviesa y gran desparpajo, Bonsay, y a la otra chica, ésta de cabello claro que desbordaba pasión, Shira. El encuentro había surgido de casualidad ─en buena parte─, y era cosa de aprovecharlo.

jueves, 28 de julio de 2011

CHARLA EN UNA TERRAZA (3): Complicidad


─Entonces, ¿qué te atrae de todo esto? ─preguntó Diego tras una nueva pausa.

Ella resopló alzando la mirada al cielo, como si suplicase a los hados un hálito inspirador. Quedaba claro que esa pregunta no era nueva para ella; si acaso, era la primera vez que alguien se la hacía abiertamente, de viva voz.

─No lo sé…

─Piénsalo, por favor.

viernes, 1 de abril de 2011

PIEL DE NEÓN (Y 2)

Continuación de PIEL DE NEÓN (1)

Mantenía la mirada dirigida al frente, encarada hacia su perdición en forma de una alegre cuadrilla de jóvenes que, con vasos de plástico en mano, intercambiaban bromas y compartían la velada.

El terreno irregular resultó un gran bromista. Alma descubrió con qué facilidad las suelas de sus zapatos, que poco antes se hartaron de pisotear la pista de baile, ahora eran dos losas de plomo que se adherían al suelo viscoso de tierra. Los menudos pechos, casi de cría, apenas sugerían movimiento, congelados por el frescor de la noche indiferentes ante el ardor interior. Los pezones, duros, señalaban su meta.

Sostenía el tanga en la mano, estrujándolo con tal fuerza que hubiera podido extraer el color. La voz le perseguía, ese sencillo mandato que apenas necesitó media docena de palabras. “Regálaselo a uno de ellos”, le había dicho. La niña continuó.

Aquellos estaban todavía lejos, apoyados en su coche. Ninguno la había descubierto todavía, pero era cuestión de segundos. No más. Se le formó un nudo en la garganta e intentó tragar saliva sin éxito. Continuó despacio sin saber por qué. O cómo. “Regálaselo, regálaselo”.

Estaba muerta de miedo.

domingo, 27 de marzo de 2011

PIEL DE NEÓN (1)

Salieron del pub Cimarrón allá a las cuatro. El aire fresco de noviembre les recibió con un suave bofetón que les reanimó al momento, arrancándoles de su piel los restos de alcohol y música todavía adheridos a causa de las largas horas de coqueteos y bailes en el local. Demasiada gente, pensaban con razón. Salir fuera era atravesar las puertas de un adictivo infierno de luz estroboscópica y aire alimentado por incontables cuerpos sobrecargados de impulso y deseo.

Alma no sabía cómo dejar de reírse. Se lo había pasado en grande y apenas alcanzó el exterior sin tropezar con los inconscientes que se apilaban en la puerta. Se reía, y se sentía feliz. Llena. A su lado, Ernesto callaba. Fue idea suya marcharse y, por más que la mujer se había resistido, no le quedó más remedio que hacerle caso. Alma se agarró a su brazo como temiendo que escapara y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Y volvió a reírse. Alguno la miró extrañado, pero tan sólo el hombre se dio cuenta. Cogió a la mujer de la muñeca y tiró de ella para que echaran a andar.

─¡Espera, no vayas tan deprisa! ─le pidió Alma tratando de no perder un zapato en la caminata. Ernesto no le respondió. Soltó su mano y continuó sin esperarla. Alma, confusa, se ajustó el zapato que había insinuado una rebeldía y se apresuró a ponerse a su altura─. Cariño, ¿estás bien? ─Silencio─. Te noto muy callado. ¿Qué te pasa?

─Nada.

legaron hasta donde tenían aparcado el coche, un solar usado en las noches de los fines de semana como improvisado aparcamiento y lugar de aprovisionamiento de alcohol. Ernesto miró a diestro y siniestro, casi ansioso, quizás ceñudo, y encontró su coche. Cuando Alma, casi sin aliento, había llegado, empezó a caminar y la distancia volvió a crecer entre ambos. Alma ya no tenía ganas de reír.

Subieron al Opel Corsa gris metalizado. Él al volante ella…, ella no pudo subir.

lunes, 27 de diciembre de 2010

CHARLA EN UNA TERRAZA (2): Lo que no es

Continuación de CHARLA EN UNA TERRAZA (1): Los primeros minutos

─Entonces, ¿me lo vas a explicar? ─dijo ella una vez más. Se mordió el labio inferior con una mueca muy graciosa. Parecía una niña.

Diego aguardó un momento, y esta vez no era por hacerla rabiar de impaciencia. Echó una mirada al cielo, azul, mientras ordenaba sus pensamientos y decidía por dónde empezar.

─Quieres saber lo que es el BDSM, ¿verdad?

─Sí.

─Pues empezaré por decirte lo que no es.

─¿Por qué? ¿No sería mejor decirme lo que sí es?

Diego sonrió:

─Porque puedo suponer lo que habrás leído por ahí, lo que quizás hayas visto y, si me fijo en tu preciosa cabecita, también adivinar el barullo que tendrás montado en tu mente.

─Ya. Quizás.

Diego se inclinó sobre la mesa y susurró:

─¿Tienes miedo? ¿Te da miedo el BDSM?

Marta tragó saliva.

─Sí.

─Bien. Eso es bueno ─respondió Diego con una sonrisa aprobadora.

─¿Por qué es bueno?

─Porque es una buena forma de evitar que cometas algunos errores graves ─Aguardó un momento, y prosiguió para clarificar las dudas crecientes que se acumulaban en su compañera─. El BDSM, en sí mismo, no es malo. Pero tampoco por eso significa que sea bueno. Son un conjunto de prácticas, muy variadas entre sí, que pueden llevarse a cabo de mil maneras distintas. La diferencia la marca con quién estés y lo que hagas. Y esto depende, en buena parte, de ti. Por suerte.

”Ya sé lo que has estado viendo en la tele y en relatos, pero la práctica real del BDSM exige compromiso, dedicación, esfuerzo y sentido común por parte de ambos. Sobre todo, de esto último. El BDSM es un pacto libre entre dos personas adultas, un convenio para relacionarse entre sí siguiendo ciertas normas que ellos mismos han formado y asumido de forma voluntaria. Y pueden dejar de practicarlo cuando cualquiera de los dos quiera.

”Esto que te digo es muy importante que lo tengas, ¡siempre!, presente, porque la práctica saludable y adecuada del BDSM NO debe suponer engaños, ni abusos, ni perjuicios, ni injusticias. No es machismo ─o feminismo─, porque no debe implicar ni basarse en la superioridad de uno sobre el otro, ni tampoco en la convicción de que uno goza de una situación de poder per sé, es decir, llegado desde no se sabe dónde, y que te otorga el poder sobre el otro al margen de sus necesidades y decisiones. No es así, y no debe tener lugar.

”Un hombre que maltrata a su pareja es justo eso, un maltratador, y poco importa que conozca el BDSM, o se crea Amo, le excite, o a su pareja le guste la sumisión. Porque estas prácticas no son maltrato.

─Pero, no lo entiendo, ¿no es sado?

─El sado es parte del BDSM, pero no todo. Puede darse, igual que no darse. O puede tener cabida en una distinta medida. Pero cuando se da, es porque ambos lo desean, porque a ambos les gusta, porque ambos dejan de practicarlo cuando lo estimen adecuado y, desde luego, no es por dañar, sino por un fin bien distinto. En el maltrato no se da nada de esto. En un maltrato hay ganas de romper, de destruir, de desintegrar a esa otra persona. Y esto es tan así que en muchos casos se termina en un asesinato.

”No te confundas. A una sumisa le puede gustar recibir azotes, incluso fuertes o muy fuertes, sado propiamente, pero no de cualquiera ni de cualquier modo. No es que quiera que la maten a palos. Le gusta en un contexto determinado, en una relación bien asentada, y por alguien específico. ¡A buenas horas se dejaría hacerlo sin más por el primero que quiera descargar su rabia en ella! Como te dije antes, es necesario que se den ciertas condiciones, y las tres normas básicas son que el BDSM debe ser sano, es decir, saludable y no perjudicial para la salud física y psicológica de ninguna de las partes; seguro, es decir, teniendo control sobre las circunstancias para evitar los accidentes de cualquier índole; y, claro está, consensuado, es decir, elegido por los dos. Y de igual modo que pueden decidirr empezar, pueden decidir dejarlo.

─Entiendo ─dijo Marta sin mucha convicción.

Diego la sonrió con dulzura.

─Creo que aún no, pero no te apures. Te queda mucho por aprender.

─Y por preguntar ─añadió ella.

─Por supuesto. Eso que no falte. Cuanto más sepas, más difícil lo tendrán los demás para manipularte, engañarte o causarte daño. El BDSM puede y son muchas cosas, pero sean las que sean, y lo vivas como lo vivas, que sea de la forma en que quieras ─Marta iba a replicar, pero Diego se adelantó─. No me refiero a que tú dirijas la relación, sino a que esa relación donde estás a merced de alguien, donde estarás dirigida, controlada o sometida por alguien, será elegida por ti. En este mundo pueden darse muchas prácticas y situaciones distintas, pero ninguna se dará lugar salvo que las hayas elegido, directa o indirectamente por ti.

─No lo entiendo. ¡Me estás liando!

─Te lo explicaré así. El “tono” de la relación puede ser muy variado. Podría tener un gran componente de sado, o de dominación psicológica, o como un suave juego sexual. Hablo en términos generales. Si te atrae el sado fuerte…

─No me va. Me asusta.

─Si te gustase ─continuó saltando su comentario─, tendrías que encontrar a alguien a quien también le fuese. Y si no te va, porque lo que te atrae es la dominación psicológica tu elección sería encontrar a quien coincida en gustos, más o menos, contigo. No hay parejas compatibles al cien por cien, pero no tiene sentido estar con alguien si las diferencias son abismales. Conforme la relación progrese y ambos os conozcáis más, podréis encajar y compenetraros.

”En resumen, el BDSM puede ser muchas cosas, pero lo que no debe ser es la causa de que, a largo plazo, no momentáneamente en una práctica determinada, te sientas mal o sufras. Puedes pasar un apuro al recibir unos azotes, pero debería ser algo que te satisfaga porque forma parte de una relación que hace que la disfrutes, por ejemplo, porque esos azotes te hacen sentirte propiedad de alguien, de tu Dueño.

─Eso ya me gusta más ─apuntó ella sonriendo con timidez.

─¿El qué?

─Eso. Sentirme de alguien.

─Me alegro. Es una sensación muy intensa… cuando se alcanza. Requiere esfuerzo por parte de ambos para que se dé. Como todo, la verdad.

Se quedaron un rato en silencio, una asimilando lo que había oído y el otro concediéndole ese tiempo necesario. Fue Marta quien quebró la tranquilidad con una pregunta, que brotó temblorosa de sus labios.

─Diego…

─Dime.

─Y a ti…

─¿Sí? Pregunta sin miedo.

─¿A ti te pone el sado fuerte?

Diego se echó a reír, y Marta se mordió de nuevo el labio inferior. Quiso mostrar una sonrisa, aunque fuese tenue, pero no supo qué le había salido. Su corazón latió con fuerza mientras él le respondía. Y tardó, maliciosamente, un rato en hacerlo.

CONTINUARÁ

domingo, 26 de diciembre de 2010

CHARLA EN UNA TERRAZA (1): Los primeros minutos.

─¿Por qué? ─dijo ella.

─¿Por qué? ─repitió él.

Ella sonrió con vergüenza y movió la cabeza. Su cabellera castaña se agitó levemente y un mechón le cayó cruzando el rostro. Lo apartó con un suave movimiento de la mano y se inclinó para dar un nuevo sorbo a su granizado.

─Eres tú quién me lo ha de decir ─dijo Marta al fin─. Eres el experto.

Diego negó con la cabeza.

─No sólo no soy un experto, sino que aún me queda mucho por aprender y por conocer. Tengo muchos años de experiencia, sí, pero me falta por conocer. Y que no falte.

─Pero sabes mucho más que yo.

─Así es. Desde luego ─sentenció Diego.

─Como ya te dije, soy una novata ─añadió avergonzada. Agitó la cabeza, en un gesto que tanto podría indicar irritación por sus carencias como deseo por dejar de serlo.

─Y, como yo te dije, te enseñaré. Puedo enseñarte.

─¿Cuál es la diferencia?

─Que quizás no encajemos.

─Ya.

─Estas relaciones son complejas. O pueden serlo. Que dos personas se conozcan y se atraigan y surja esa complicidad de la que tanto te he hablado no es fácil. Eso hace más deseable el final.

─Me gusta como hablas, Diego.

─Gracias.

─Se nota que sabes mucho. Eso me gusta. Me da confianza.

─Gracias ─repitió Diego una vez más.

Aguardaron un buen rato, cada cual con su bebida, sentados cómodamente en la terraza de un bar que hacía esquina en la plaza donde habían quedado. Aquella había supuesto el primer encuentro real, pese a haber hablado más de una docena de veces mediante chat y teléfono.

─Entonces, ¿cómo se hace? ─preguntó cuando el silencio se volvió ensordecedor.

─¿El qué?

─Ya lo sabes ─replicó ella─. No seas malo ─añadió con un hilo de voz sin atreverse a mirarle.

Diego suspiró. Alzó la mirada hacia el cielo azul, retorció sus labios en plan pensativo y cuando fijó nuevamente la mirada en ella, Marta se sintió tan cohibida que creyó que sus ojos azules la penetraban como dos dagas. Se vio obligada a bajar la mirada hacia su bebida una vez más. Su corazón no daba abasto.

─Hablando ─dijo sencillamente─. No hay otra forma para empezar. O, al menos, es la mejor.

─Hablemos pues ─respondió la muchacha conforme.

─Entonces, empecemos por el principio.

─¿Y cómo era?

─Con un por qué.

─¿Por qué qué?

─Por qué fantaseas y por qué deseas experimentar el BDSM.

El sonrojo cubrió el rostro de Marta y se echó hacia atrás hasta que la espalda golpeó el respaldo de la silla. Cerró los ojos, pero eso aún fue peor. Cientos de imágenes cayeron sobre ella con diáfana claridad. De pronto, hacía mucha calor, y aquel granizado no era lo bastante frio.

CONTINÚA EN CHARLA EN UNA TERRAZA (2): Lo que no es