viernes, 1 de abril de 2011

PIEL DE NEÓN (Y 2)

Continuación de PIEL DE NEÓN (1)

Mantenía la mirada dirigida al frente, encarada hacia su perdición en forma de una alegre cuadrilla de jóvenes que, con vasos de plástico en mano, intercambiaban bromas y compartían la velada.

El terreno irregular resultó un gran bromista. Alma descubrió con qué facilidad las suelas de sus zapatos, que poco antes se hartaron de pisotear la pista de baile, ahora eran dos losas de plomo que se adherían al suelo viscoso de tierra. Los menudos pechos, casi de cría, apenas sugerían movimiento, congelados por el frescor de la noche indiferentes ante el ardor interior. Los pezones, duros, señalaban su meta.

Sostenía el tanga en la mano, estrujándolo con tal fuerza que hubiera podido extraer el color. La voz le perseguía, ese sencillo mandato que apenas necesitó media docena de palabras. “Regálaselo a uno de ellos”, le había dicho. La niña continuó.

Aquellos estaban todavía lejos, apoyados en su coche. Ninguno la había descubierto todavía, pero era cuestión de segundos. No más. Se le formó un nudo en la garganta e intentó tragar saliva sin éxito. Continuó despacio sin saber por qué. O cómo. “Regálaselo, regálaselo”.

Estaba muerta de miedo.