jueves, 5 de julio de 2012

ENCUENTRO AMATEUR


Nota: este es un relato de ficción que toma como base hechos reales. Para su narración se ha inventado, transformado y teatralizado lo que se creyera adecuado, principalmente por razones de conocimiento. Desgraciadamente, no estaba allí, en persona, por lo que ignoro lo que pasó más allá de lo que se pudo ver a través de la transmisión, que sí fue real. Por ello, no pretende ser un «publi─reportaje», sino una historia destinada a entretener.
Si a alguien le molesta ello, le quedaría agradecido si solicitara, o incluso exigiera, que se me invitase a presenciar el próximo encuentro entre las muchachas con el único fin, claro está, de tomar notas y así desarrollar un relato fidedigno a los hechos. Enormemente agradecido.
1 KATZE

─¡Conectadas! ─anunció Katze pletórica. Recogió el vaso de tubo de la mesita que había dejado poco antes y dio un largo sorbo a su contenido mientras comprobaba que la webcam instalada en el portátil funcionaba correctamente. A un lateral de la página web que había abierto ─amateur.tv─ se encontró consigo misma; justo al lado, una ventana en blanco que aguardaba la previsible entrada de los primeros visitantes. Estaba convencida de que no tardarían en llegar, y no se equivocaba.
Se dio la vuelta y se encaró con sus dos acompañantes, Bonsay y Shira, esta última, tal vez, la más nerviosa. Movía un pie de un lado a otro, en un ademán que recordaría al de una niña a punto de sufrir un castigo. Katze la observó fijamente y la muchacha correspondió con otra sonrisa trémula que pronto diluyó con su propia bebida.
Las conocía a ambas, la morena de sonrisa traviesa y gran desparpajo, Bonsay, y a la otra chica, ésta de cabello claro que desbordaba pasión, Shira. El encuentro había surgido de casualidad ─en buena parte─, y era cosa de aprovecharlo.

Ellas tres, hasta la fecha por separado, habían protagonizado sus propios espectáculos eróticos transmitidos, gracias a la magia de Internet, por las cuatro puntas del globo. Amateur.tv era una web a la que cualquiera podía apuntarse y utilizarla para ser espectador ─o protagonista─ de lo que tuvieran la fortuna de encontrar en ese momento. Había quien utilizaba aquella web para simplemente charlar con los que entrasen en la correspondiente sala. Y había quien, sin el menor pudor, montaba un auténtico show erótico cuyos límites los marcaban ellos mismos: striptease, masturbaciones, sexo en pareja… El sentirse observado mientras realizaba el coito podía ser, en ocasiones, embriagador y excitante. ¿Cuántos ojos estarían fijos en ellas mientras deslizaba la mano por la cintura en dirección hacia la línea del bikini? ¿Y cuántos de esos ojos se verían acompañados, poco después, de una erección voluntaria o no? Ellas nunca sabrían quiénes son, no verdaderamente. Tan sólo se enfrentaban con una cascada de nicks y ristras de comentarios grabados temporalmente en una pantalla digital. Una vez apagado el ordenador, volverían a ser las de siempre, las que sus vecinos, sus familiares o sus amigos creían que eran. Pero por unas horas, durante el espectáculo, poseían otros rostros. Y esas otras personas, en realidad facetas de sí misma que apreciaban y reclamaban sus minutos de existencia, tenían algo de lo que su yo diario carecían. Tal vez la libertad de hacer lo que no quisieran, o no debieran, o no podían.
Aquella tarde ─ya noche, en realidad─, se habían reunido para algo particular: un espectáculo lésbico, entre las tres. 4thwall, el marido de Katze ─y copartícipe de tantos juegos sexuales que convertían su relación de pareja en un barril de pólvora y fuego─ no iba a poder estar presente ─¡pobrecito!─, de cuerpo presente, debiera decir. Le tocaba guardia. Una pena, pensó Katze. De todos modos al día siguiente se podría resarcir. Eso, desde luego. Pero aquella noche… Aquella iba a ser una noche de chicas. Sustituirían la ausencia de pollas con mucha imaginación, un buen puñadito de juguetes y ríos de saliva, cientos de caricias y kilos de placer.
Hacía calor, y aún más lo haría al cabo de un rato. Katze, la anfitriona, estaba obligada a dar lo máximo para que sus dos invitadas disfrutasen de la velada en su compañía. Además, estaban los observadores. Bastó un rápido vistazo para comprobar que la sala recién creada ya se iba llenando. Comprendió que tendría que responder a algunas preguntas, aunque fuera por educación y por ponerles en antecedentes.
─Hola a todos. Gracias por saludarme. Sí, estamos juntas. Ellas son Bonsay y Shira. Estamos en mi casa. Bonsay es la morena. Sí, vamos a transmitir. Ahora luego, que hemos de entrar en calor. Hola a los recién llegados. Jajaja, cómo sois. Dentro de un rato empezaremos. ¿La de la camiseta blanca? Shira. Y la otra es Bonsay, con camiseta negra. Hola a los nuevos. Buenas noches a ti también. Gracias por las monedas. Ahora luego empezaremos. Claro que estamos cachondas. No podemos verificar a nadie aún, lo siento. Luego empezaremos. Son Shira y Bonsay. No tardaremos. ¿Qué haremos? Pues un poco de todo. Sí, pondremos música…
Se giró hacia sus dos amigas que, apoltronadas en uno de los grandes sofás, se habían puesto a charlar en tono cómplice. Cerca una de la otra, pensó Katze con una sonrisa pérfida, pero no tanto como hubieran deseado sus espectadores. Tiempo al tiempo, se replicó al momento. Tampoco era cosa de acelerar la cosa. La noche era joven.
─Bonsay ─la llamó. La chica se giró hacia ella─. Que nos quieren sacar a bailar.
─¡Pues bailemos! ─respondió Bonsay con su marcado acento andaluz. Se puso en pie, rozando con su mano la de Shira que sintió un suave estremecimiento, dio un último sorbo a la bebida para entrar en calor y se acercó hacia Katze, que había dejado abandonados a sus ciberinvitados para buscar algo con ritmo y movimiento para bailar. Abrió y cerró carpetas del portátil y, por fin, escogió una canción. A su lado, Bonsay deslizó los brazos en torno a su cuello, pero tampoco eso iba a satisfacer los deseos de tantos hombres ─y algunas mujeres─ presentes en la sala.
Puso en marcha la música─un baile latino─, y movió el ordenador lo suficiente para que la cámara incorporada encuadrase el baile que su amiga se iba a marcar en unos instantes.
Estallaron las primeras notas, surgió la melodiosa voz de su intérprete y, como si hubieran presionado un resorte, Bonsay empezó a contonear su cuerpo. Demasiada ropa encima, se dijo Katze: camiseta, pantalón corto… Sí, demasiada ropa. Ya se ocuparía ella de remediarlo. Aquella noche, pocas cosas iban a quedar sin remedio.

CONTINUARÁ

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hola :) me ha encantado!! cuando vas ha escribir la continuacion? la espero!!

katze dijo...

Lo he encontrado hoy de casualidad... y me ha sacado una sonrisa. Una pena que no haya seguido el relato, con lo larga que fue la noche, y todo lo que dio de si... quizá tenias las manos demasiado ocupadas? ;)
Muchas gracias por el relato :) y besos gatunos!

Trokien dijo...

Quizás la continue pronto, o no. Quién sabe. Pues este relato te lo quise enseñar hace tiempo, pero no tenía forma de contactar contigo, katze, ni con las otras protagonistas del mismo. Es una pena. Bueno, con decirte que ni siquiera se si leerás este comentario... Mira que no dejar un mail al menos...