viernes, 19 de diciembre de 2014

UN CAPRICHO MOMENTÁNEO



─Vendré en un momento.
Y, sin más, se fue.
Lore le vio doblar la esquina que delimitaba su dormitorio hasta que su figura no fue sino un vago recuerdo. No dijo nada, en buena parte porque le hubiera sido imposible. Pero no era ello lo que la enfurecía, sino el aspecto tragicómico ─o patético─ que hubiera resultado de farfullar algunas cosas que le venían a la cabeza. Como unos cuantos insultos.
Lore, en la habitación, debía aguantar la puta mordaza que tenía firmemente sujeta a la boca. Era un segmento de látex rígido encajado con más que mala leche entre los dientes y que le impedían soltar nada más allá de gruñidos húmedos y lacerantes. Las mandíbulas le empezaban a doler y se obligó a relajar la musculatura facial para evitar futuros calambres. El colmo era los finos regueros de saliva que escapaban por las comisuras de los labios en dirección a la barbilla. Patético, o ridículo, o absurdo, o como cojones se quisiera decir, era poco. Y aquel tipo se había largado «un momento».
─Será cabrón…  ─No, no lo había dicho. Solo pensado, pero, eso sí, en voz alta.