
Ésta es una pregunta sencilla de formular y muy compleja de responder. O sea, que me voy a enrollar. Avisados estáis. Como alternativa, está la Wikipedia.
La literalidad de la respuesta bastaría para explicar que son las siglas de Bondage, Disciplina, Dominación/Sumisión y Masoquismo. Personalmente (y porque me gusta ir a la mía) siempre lo he reducido a Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo. Más cortito y, así, las siglas coinciden.
En resumen, da igual.
La complicación de explicar en qué consiste el BDSM es que conjunta un número muy grande y heterogénea de prácticas eróticas/sexuales, donde mucha gente dice y hace muchas cosas, influida por muchos conceptos, prejuicios, leyendas, deformaciones, distorsiones, complejos y fantasías.
Daré un ejemplo: el 95 por ciento de lo que he visto al respecto o relacionado con ello en la tele, mediante reportajes, me ha parecido hortera, chabacano, decepcionante, ridículo, estereotipado, manipulado, estúpido y antierótico. Como poco. Pero, claro, estamos hablando de la tele donde es difícil explicar algo de lo que se sabe poco y se entiende la mitad. Entendamos algo, y es que si yo no supiese nada de este tema y viese algún reportaje televisivo, sencillamente lo apagaría. No me gusta. Más aún, lo veo idiota. Sí, es sólo mi opinión, porque entiendo muy bien que si sale, es porque existe, y si existe es porque a otras personas le gustan y, desde luego, tienen derecho a hacerlo y practicarlo. Por eso yo voy a explicar lo que es, para mí, el BDSM.
Precisamente, esto último es uno de los conceptos más difíciles de entender, y es que no existe “un” BDSM, sino muchos, puesto que, como dije al inicio, reúne un conjunto muy grande de prácticas, de forma que unos se sienten a gusto con unas, otros con otras, etc. ¿Lógico, no?
Pero, entonces, a ver, ¿de qué puñetas va el BDSM? Pues va de dominar. Bueno, y de más cosas. De bastantes más cosas. ¿He dicho que es complejo?
Para mí, el BDSM, o las facetas que me atraen del mismo, se simplifican en una relación entre dos personas, adultas, maduras psicológicamente, responsables, inteligentes, imaginativas que, de una forma consensuada, inician una juego/fantasía/relación donde una de ellas entrega una parte de su libertad a la otra o, dicho de otro modo, se pone en las manos del otro. El grado de entrega varía enormemente. Es una simulación, un juego, una fantasía sexual que puede ser tan light o tan intensa como ambos quieran. Es un sueño de posesión, de disciplina, de ser llevada a un palacio lejano, de juegos morbosos, de ser tomada como esclava sexual, de desconocer lo que te puede pasar, de explorar a alguien que se te entrega.
Imagínate, por un instante, que alguien pudiera hacerte (casi) todo lo que quisiera; que no pudieras evitarlo; que no supieras como impedirlo; que pudiera llegar una orden cuando menos lo esperases; que te mostrasen algo que deseas… pero no te permiten tener en ese instante. Imagínate que eres una sumisa.
Imagínate que hay alguien que se entrega a ti; que deja que la conozcas íntimamente; que puedes realizar con ella tus fantasías de dominarla a tu capricho; que está dispuesta a ser barro en tus manos de alfarero para moldearla, para que se sienta tuya, para educarla y disciplinarla extrayendo de su interior todo su potencial, no para minimizarla y degradarla, sino para superarse día tras día. Imagínate que eres un Amo.
Estos son los dos roles que se toman, el de Dominante y el de sumis@, pudiendo ser cada uno de ellos tanto hombre como mujer, dando por tanto varias modalidades. El Dominante es el que domina, manda, dirige, gobierna, enseña; el sumis@ es el receptor de las enseñanzas, de las instrucciones, de las órdenes. El BDSM puede ser muchas cosas y, ciertamente, muchas de ellas, personalmente, me disgustan. Es mi forma de ser, y es como yo lo veo. Yo siempre animo a todo el que se acerca a ello que explore, que mire, que pregunte, que cuestione e investigue, que nunca dude en plantearse las cosas, que nunca tome nada al pie de la letra sólo porque alguien se haya atribuido un determinado rol y se crea con derecho a nada. Aunque parezca mentira, no existen carnets para ser tal o cual. En serio.
Cada relación entre un Dominante y su(s) sumisa(s) es única. Lo es y así debe serlo, porque cada uno de nosotros es único y crea una relación especial con esa persona en especial, según las circunstancias, según surgen las situaciones, según hay más o menos necesidades, según la experiencia adquirida. Hay perfecto derecho a buscar una u otra cosa, siempre que se use un mínimo de sentido común. ¡Qué menos! Lo que no es cuestionable es que hay que cuidar la higiene, la salud psicológica, la sensatez, la intimidad, etc. Es de pura lógica, pero, para algunos, ni eso.
Si queda claro que uno es Amo o sumisa porque le da la real gana (entendiendo que lo es en la forma y con las prácticas que le atraen, sean, para otros, muy lights o muy retorcidas), también queda claro que puede dejar de serlo de igual modo. Y es obligación de la otra parte el respetar esa decisión. Si una sumisa quiere dejar de serlo, porque sí, porque ha dejado de gustarle, porque ya no le motiva, porque está atareada, porque ha encontrado a alguien que le gusta más, tiene derecho a dejarlo. Y el Amo, tiene obligación de respetarlo, y con respetarlo, quiere decir ni insultos, ni venganzas, ni lloriqueos, ni pataletas, ni nada semejante. Esas son conductas inmaduras, infantiles e inadecuadas en alguien que presume de ser lo bastante adulto como para practicar el BDSM. Queda claro que el caso contrario, donde el Amo decide dejar de serlo para esa sumisa, es igualmente posible.
El BDSM, además, puede ser una perfecta excusa. Entendiendo desde el principio que se practica cuando se quiere y como se quiere (pero sin la necesidad de recordar esto, que es una ficción, que es un acuerdo para evitar romper “la magia”), se podría emplear estas prácticas para algo más que calentarse y para la cama. Si entendemos que un Amo es alguien que vela y cuida de su propiedad, de su sumisa, se podría emplear justo esto para fortalecer la disciplina de la sumisa, por ejemplo, obligándola a atender sus estudios/trabajo, a vigilar el cuidado personal, a asistir regularmente al trabajo, a evitar que se desmadre con el tabaco cuando se quiere dejar, etc, todas estas conductas que siendo por el bien de uno mismo, pueden costar de llevar a cabo. Si a una sumisa le gusta sentirse vigilada/protegida/sometida, ¿por qué no emplearlo también para tareas semejantes? Como dije antes, parte de estas relaciones estriban en superarse, y eso implica dar lo mejor de uno mismo en todos los ámbitos, adquirir un comportamiento exigente consigo mismo, con renunciar a la mediocridad, con rechazar la pereza, con no ser cualquier cosa sino adquirir un carácter perfeccionista, tanto con uno mismo como con la persona con la que se está. Un Dominante, si asume el rol de un artista, como un escultor por ejemplo, bien puede tomar esa roca de mármol que es la sumisa, vislumbrar qué hay de hermoso en su interior y apartar los pedazos de roca inútil que hasta el momento han estado ocultando la belleza de su interior. Por el contrario, hay algunos “amos” que para sentirse bien lo que hacen es dañar, es ensuciar a una persona, es destruirla psicológicamente, es degradarla y lograr que se sienta una mierda, alguien desamparado e inútil sin su apoyo, alguien incapaz de vivir por su cuenta. En mi opinión, esos no son Amos. Son gentuza.
En el BDSM no debe tener cabida el machismo, ni el egoísmo, ni la injusticia. El BDSM, como digo en la cabecera de mi blog, debe suponer sentirse bien, reír, disfrutar, ilusionarse, apasionarse con la compañía de esa otra persona, sentir hambre de conocer más y conocerse a sí mismo, estar pletórico, apartarse de la amargura, de las lágrimas, de la desidia, de la cobardía y de las miserias humanas. Si se quiere disfrutar del BDMS, que sea con un fin noble: superarse y animar a quien tengas a su lado a apasionarse por la vida.
¿Y ya está? ¿Ya ha quedado claro lo que es el BDSM? No, ¿verdad? Ya lo sé, pero este post no ha terminado, pero por ahora, lo dejo así. Como dicen en los culebrones, “continuará”.
¿Qué me queda por explicar? A ver, los castigos, las bromas, la disciplina, la entrega, el chat, los premios, el sexo, el control… Aún quedan unas cuantas cosas pendientes. Por lo tanto, repito:
Continuará.
La literalidad de la respuesta bastaría para explicar que son las siglas de Bondage, Disciplina, Dominación/Sumisión y Masoquismo. Personalmente (y porque me gusta ir a la mía) siempre lo he reducido a Bondage, Dominación, Sumisión y Masoquismo. Más cortito y, así, las siglas coinciden.
En resumen, da igual.
La complicación de explicar en qué consiste el BDSM es que conjunta un número muy grande y heterogénea de prácticas eróticas/sexuales, donde mucha gente dice y hace muchas cosas, influida por muchos conceptos, prejuicios, leyendas, deformaciones, distorsiones, complejos y fantasías.
Daré un ejemplo: el 95 por ciento de lo que he visto al respecto o relacionado con ello en la tele, mediante reportajes, me ha parecido hortera, chabacano, decepcionante, ridículo, estereotipado, manipulado, estúpido y antierótico. Como poco. Pero, claro, estamos hablando de la tele donde es difícil explicar algo de lo que se sabe poco y se entiende la mitad. Entendamos algo, y es que si yo no supiese nada de este tema y viese algún reportaje televisivo, sencillamente lo apagaría. No me gusta. Más aún, lo veo idiota. Sí, es sólo mi opinión, porque entiendo muy bien que si sale, es porque existe, y si existe es porque a otras personas le gustan y, desde luego, tienen derecho a hacerlo y practicarlo. Por eso yo voy a explicar lo que es, para mí, el BDSM.
Precisamente, esto último es uno de los conceptos más difíciles de entender, y es que no existe “un” BDSM, sino muchos, puesto que, como dije al inicio, reúne un conjunto muy grande de prácticas, de forma que unos se sienten a gusto con unas, otros con otras, etc. ¿Lógico, no?
Pero, entonces, a ver, ¿de qué puñetas va el BDSM? Pues va de dominar. Bueno, y de más cosas. De bastantes más cosas. ¿He dicho que es complejo?
Para mí, el BDSM, o las facetas que me atraen del mismo, se simplifican en una relación entre dos personas, adultas, maduras psicológicamente, responsables, inteligentes, imaginativas que, de una forma consensuada, inician una juego/fantasía/relación donde una de ellas entrega una parte de su libertad a la otra o, dicho de otro modo, se pone en las manos del otro. El grado de entrega varía enormemente. Es una simulación, un juego, una fantasía sexual que puede ser tan light o tan intensa como ambos quieran. Es un sueño de posesión, de disciplina, de ser llevada a un palacio lejano, de juegos morbosos, de ser tomada como esclava sexual, de desconocer lo que te puede pasar, de explorar a alguien que se te entrega.
Imagínate, por un instante, que alguien pudiera hacerte (casi) todo lo que quisiera; que no pudieras evitarlo; que no supieras como impedirlo; que pudiera llegar una orden cuando menos lo esperases; que te mostrasen algo que deseas… pero no te permiten tener en ese instante. Imagínate que eres una sumisa.
Imagínate que hay alguien que se entrega a ti; que deja que la conozcas íntimamente; que puedes realizar con ella tus fantasías de dominarla a tu capricho; que está dispuesta a ser barro en tus manos de alfarero para moldearla, para que se sienta tuya, para educarla y disciplinarla extrayendo de su interior todo su potencial, no para minimizarla y degradarla, sino para superarse día tras día. Imagínate que eres un Amo.
Estos son los dos roles que se toman, el de Dominante y el de sumis@, pudiendo ser cada uno de ellos tanto hombre como mujer, dando por tanto varias modalidades. El Dominante es el que domina, manda, dirige, gobierna, enseña; el sumis@ es el receptor de las enseñanzas, de las instrucciones, de las órdenes. El BDSM puede ser muchas cosas y, ciertamente, muchas de ellas, personalmente, me disgustan. Es mi forma de ser, y es como yo lo veo. Yo siempre animo a todo el que se acerca a ello que explore, que mire, que pregunte, que cuestione e investigue, que nunca dude en plantearse las cosas, que nunca tome nada al pie de la letra sólo porque alguien se haya atribuido un determinado rol y se crea con derecho a nada. Aunque parezca mentira, no existen carnets para ser tal o cual. En serio.
Cada relación entre un Dominante y su(s) sumisa(s) es única. Lo es y así debe serlo, porque cada uno de nosotros es único y crea una relación especial con esa persona en especial, según las circunstancias, según surgen las situaciones, según hay más o menos necesidades, según la experiencia adquirida. Hay perfecto derecho a buscar una u otra cosa, siempre que se use un mínimo de sentido común. ¡Qué menos! Lo que no es cuestionable es que hay que cuidar la higiene, la salud psicológica, la sensatez, la intimidad, etc. Es de pura lógica, pero, para algunos, ni eso.
Si queda claro que uno es Amo o sumisa porque le da la real gana (entendiendo que lo es en la forma y con las prácticas que le atraen, sean, para otros, muy lights o muy retorcidas), también queda claro que puede dejar de serlo de igual modo. Y es obligación de la otra parte el respetar esa decisión. Si una sumisa quiere dejar de serlo, porque sí, porque ha dejado de gustarle, porque ya no le motiva, porque está atareada, porque ha encontrado a alguien que le gusta más, tiene derecho a dejarlo. Y el Amo, tiene obligación de respetarlo, y con respetarlo, quiere decir ni insultos, ni venganzas, ni lloriqueos, ni pataletas, ni nada semejante. Esas son conductas inmaduras, infantiles e inadecuadas en alguien que presume de ser lo bastante adulto como para practicar el BDSM. Queda claro que el caso contrario, donde el Amo decide dejar de serlo para esa sumisa, es igualmente posible.
El BDSM, además, puede ser una perfecta excusa. Entendiendo desde el principio que se practica cuando se quiere y como se quiere (pero sin la necesidad de recordar esto, que es una ficción, que es un acuerdo para evitar romper “la magia”), se podría emplear estas prácticas para algo más que calentarse y para la cama. Si entendemos que un Amo es alguien que vela y cuida de su propiedad, de su sumisa, se podría emplear justo esto para fortalecer la disciplina de la sumisa, por ejemplo, obligándola a atender sus estudios/trabajo, a vigilar el cuidado personal, a asistir regularmente al trabajo, a evitar que se desmadre con el tabaco cuando se quiere dejar, etc, todas estas conductas que siendo por el bien de uno mismo, pueden costar de llevar a cabo. Si a una sumisa le gusta sentirse vigilada/protegida/sometida, ¿por qué no emplearlo también para tareas semejantes? Como dije antes, parte de estas relaciones estriban en superarse, y eso implica dar lo mejor de uno mismo en todos los ámbitos, adquirir un comportamiento exigente consigo mismo, con renunciar a la mediocridad, con rechazar la pereza, con no ser cualquier cosa sino adquirir un carácter perfeccionista, tanto con uno mismo como con la persona con la que se está. Un Dominante, si asume el rol de un artista, como un escultor por ejemplo, bien puede tomar esa roca de mármol que es la sumisa, vislumbrar qué hay de hermoso en su interior y apartar los pedazos de roca inútil que hasta el momento han estado ocultando la belleza de su interior. Por el contrario, hay algunos “amos” que para sentirse bien lo que hacen es dañar, es ensuciar a una persona, es destruirla psicológicamente, es degradarla y lograr que se sienta una mierda, alguien desamparado e inútil sin su apoyo, alguien incapaz de vivir por su cuenta. En mi opinión, esos no son Amos. Son gentuza.
En el BDSM no debe tener cabida el machismo, ni el egoísmo, ni la injusticia. El BDSM, como digo en la cabecera de mi blog, debe suponer sentirse bien, reír, disfrutar, ilusionarse, apasionarse con la compañía de esa otra persona, sentir hambre de conocer más y conocerse a sí mismo, estar pletórico, apartarse de la amargura, de las lágrimas, de la desidia, de la cobardía y de las miserias humanas. Si se quiere disfrutar del BDMS, que sea con un fin noble: superarse y animar a quien tengas a su lado a apasionarse por la vida.
¿Y ya está? ¿Ya ha quedado claro lo que es el BDSM? No, ¿verdad? Ya lo sé, pero este post no ha terminado, pero por ahora, lo dejo así. Como dicen en los culebrones, “continuará”.
¿Qué me queda por explicar? A ver, los castigos, las bromas, la disciplina, la entrega, el chat, los premios, el sexo, el control… Aún quedan unas cuantas cosas pendientes. Por lo tanto, repito:
Continuará.