domingo, 26 de diciembre de 2010

CHARLA EN UNA TERRAZA (1): Los primeros minutos.

─¿Por qué? ─dijo ella.

─¿Por qué? ─repitió él.

Ella sonrió con vergüenza y movió la cabeza. Su cabellera castaña se agitó levemente y un mechón le cayó cruzando el rostro. Lo apartó con un suave movimiento de la mano y se inclinó para dar un nuevo sorbo a su granizado.

─Eres tú quién me lo ha de decir ─dijo Marta al fin─. Eres el experto.

Diego negó con la cabeza.

─No sólo no soy un experto, sino que aún me queda mucho por aprender y por conocer. Tengo muchos años de experiencia, sí, pero me falta por conocer. Y que no falte.

─Pero sabes mucho más que yo.

─Así es. Desde luego ─sentenció Diego.

─Como ya te dije, soy una novata ─añadió avergonzada. Agitó la cabeza, en un gesto que tanto podría indicar irritación por sus carencias como deseo por dejar de serlo.

─Y, como yo te dije, te enseñaré. Puedo enseñarte.

─¿Cuál es la diferencia?

─Que quizás no encajemos.

─Ya.

─Estas relaciones son complejas. O pueden serlo. Que dos personas se conozcan y se atraigan y surja esa complicidad de la que tanto te he hablado no es fácil. Eso hace más deseable el final.

─Me gusta como hablas, Diego.

─Gracias.

─Se nota que sabes mucho. Eso me gusta. Me da confianza.

─Gracias ─repitió Diego una vez más.

Aguardaron un buen rato, cada cual con su bebida, sentados cómodamente en la terraza de un bar que hacía esquina en la plaza donde habían quedado. Aquella había supuesto el primer encuentro real, pese a haber hablado más de una docena de veces mediante chat y teléfono.

─Entonces, ¿cómo se hace? ─preguntó cuando el silencio se volvió ensordecedor.

─¿El qué?

─Ya lo sabes ─replicó ella─. No seas malo ─añadió con un hilo de voz sin atreverse a mirarle.

Diego suspiró. Alzó la mirada hacia el cielo azul, retorció sus labios en plan pensativo y cuando fijó nuevamente la mirada en ella, Marta se sintió tan cohibida que creyó que sus ojos azules la penetraban como dos dagas. Se vio obligada a bajar la mirada hacia su bebida una vez más. Su corazón no daba abasto.

─Hablando ─dijo sencillamente─. No hay otra forma para empezar. O, al menos, es la mejor.

─Hablemos pues ─respondió la muchacha conforme.

─Entonces, empecemos por el principio.

─¿Y cómo era?

─Con un por qué.

─¿Por qué qué?

─Por qué fantaseas y por qué deseas experimentar el BDSM.

El sonrojo cubrió el rostro de Marta y se echó hacia atrás hasta que la espalda golpeó el respaldo de la silla. Cerró los ojos, pero eso aún fue peor. Cientos de imágenes cayeron sobre ella con diáfana claridad. De pronto, hacía mucha calor, y aquel granizado no era lo bastante frio.

CONTINÚA EN CHARLA EN UNA TERRAZA (2): Lo que no es

1 comentario:

narita dijo...

mmmmmmm, me resulta conocida esta conversación, si no fuese porque lo has escrito antes de conocernos... diría que las casi plagiado!!! jejeje
Un honor escribirte, lo haces muy bien, la verdad es que enganchas...