lunes, 27 de diciembre de 2010

CHARLA EN UNA TERRAZA (2): Lo que no es

Continuación de CHARLA EN UNA TERRAZA (1): Los primeros minutos

─Entonces, ¿me lo vas a explicar? ─dijo ella una vez más. Se mordió el labio inferior con una mueca muy graciosa. Parecía una niña.

Diego aguardó un momento, y esta vez no era por hacerla rabiar de impaciencia. Echó una mirada al cielo, azul, mientras ordenaba sus pensamientos y decidía por dónde empezar.

─Quieres saber lo que es el BDSM, ¿verdad?

─Sí.

─Pues empezaré por decirte lo que no es.

─¿Por qué? ¿No sería mejor decirme lo que sí es?

Diego sonrió:

─Porque puedo suponer lo que habrás leído por ahí, lo que quizás hayas visto y, si me fijo en tu preciosa cabecita, también adivinar el barullo que tendrás montado en tu mente.

─Ya. Quizás.

Diego se inclinó sobre la mesa y susurró:

─¿Tienes miedo? ¿Te da miedo el BDSM?

Marta tragó saliva.

─Sí.

─Bien. Eso es bueno ─respondió Diego con una sonrisa aprobadora.

─¿Por qué es bueno?

─Porque es una buena forma de evitar que cometas algunos errores graves ─Aguardó un momento, y prosiguió para clarificar las dudas crecientes que se acumulaban en su compañera─. El BDSM, en sí mismo, no es malo. Pero tampoco por eso significa que sea bueno. Son un conjunto de prácticas, muy variadas entre sí, que pueden llevarse a cabo de mil maneras distintas. La diferencia la marca con quién estés y lo que hagas. Y esto depende, en buena parte, de ti. Por suerte.

”Ya sé lo que has estado viendo en la tele y en relatos, pero la práctica real del BDSM exige compromiso, dedicación, esfuerzo y sentido común por parte de ambos. Sobre todo, de esto último. El BDSM es un pacto libre entre dos personas adultas, un convenio para relacionarse entre sí siguiendo ciertas normas que ellos mismos han formado y asumido de forma voluntaria. Y pueden dejar de practicarlo cuando cualquiera de los dos quiera.

”Esto que te digo es muy importante que lo tengas, ¡siempre!, presente, porque la práctica saludable y adecuada del BDSM NO debe suponer engaños, ni abusos, ni perjuicios, ni injusticias. No es machismo ─o feminismo─, porque no debe implicar ni basarse en la superioridad de uno sobre el otro, ni tampoco en la convicción de que uno goza de una situación de poder per sé, es decir, llegado desde no se sabe dónde, y que te otorga el poder sobre el otro al margen de sus necesidades y decisiones. No es así, y no debe tener lugar.

”Un hombre que maltrata a su pareja es justo eso, un maltratador, y poco importa que conozca el BDSM, o se crea Amo, le excite, o a su pareja le guste la sumisión. Porque estas prácticas no son maltrato.

─Pero, no lo entiendo, ¿no es sado?

─El sado es parte del BDSM, pero no todo. Puede darse, igual que no darse. O puede tener cabida en una distinta medida. Pero cuando se da, es porque ambos lo desean, porque a ambos les gusta, porque ambos dejan de practicarlo cuando lo estimen adecuado y, desde luego, no es por dañar, sino por un fin bien distinto. En el maltrato no se da nada de esto. En un maltrato hay ganas de romper, de destruir, de desintegrar a esa otra persona. Y esto es tan así que en muchos casos se termina en un asesinato.

”No te confundas. A una sumisa le puede gustar recibir azotes, incluso fuertes o muy fuertes, sado propiamente, pero no de cualquiera ni de cualquier modo. No es que quiera que la maten a palos. Le gusta en un contexto determinado, en una relación bien asentada, y por alguien específico. ¡A buenas horas se dejaría hacerlo sin más por el primero que quiera descargar su rabia en ella! Como te dije antes, es necesario que se den ciertas condiciones, y las tres normas básicas son que el BDSM debe ser sano, es decir, saludable y no perjudicial para la salud física y psicológica de ninguna de las partes; seguro, es decir, teniendo control sobre las circunstancias para evitar los accidentes de cualquier índole; y, claro está, consensuado, es decir, elegido por los dos. Y de igual modo que pueden decidirr empezar, pueden decidir dejarlo.

─Entiendo ─dijo Marta sin mucha convicción.

Diego la sonrió con dulzura.

─Creo que aún no, pero no te apures. Te queda mucho por aprender.

─Y por preguntar ─añadió ella.

─Por supuesto. Eso que no falte. Cuanto más sepas, más difícil lo tendrán los demás para manipularte, engañarte o causarte daño. El BDSM puede y son muchas cosas, pero sean las que sean, y lo vivas como lo vivas, que sea de la forma en que quieras ─Marta iba a replicar, pero Diego se adelantó─. No me refiero a que tú dirijas la relación, sino a que esa relación donde estás a merced de alguien, donde estarás dirigida, controlada o sometida por alguien, será elegida por ti. En este mundo pueden darse muchas prácticas y situaciones distintas, pero ninguna se dará lugar salvo que las hayas elegido, directa o indirectamente por ti.

─No lo entiendo. ¡Me estás liando!

─Te lo explicaré así. El “tono” de la relación puede ser muy variado. Podría tener un gran componente de sado, o de dominación psicológica, o como un suave juego sexual. Hablo en términos generales. Si te atrae el sado fuerte…

─No me va. Me asusta.

─Si te gustase ─continuó saltando su comentario─, tendrías que encontrar a alguien a quien también le fuese. Y si no te va, porque lo que te atrae es la dominación psicológica tu elección sería encontrar a quien coincida en gustos, más o menos, contigo. No hay parejas compatibles al cien por cien, pero no tiene sentido estar con alguien si las diferencias son abismales. Conforme la relación progrese y ambos os conozcáis más, podréis encajar y compenetraros.

”En resumen, el BDSM puede ser muchas cosas, pero lo que no debe ser es la causa de que, a largo plazo, no momentáneamente en una práctica determinada, te sientas mal o sufras. Puedes pasar un apuro al recibir unos azotes, pero debería ser algo que te satisfaga porque forma parte de una relación que hace que la disfrutes, por ejemplo, porque esos azotes te hacen sentirte propiedad de alguien, de tu Dueño.

─Eso ya me gusta más ─apuntó ella sonriendo con timidez.

─¿El qué?

─Eso. Sentirme de alguien.

─Me alegro. Es una sensación muy intensa… cuando se alcanza. Requiere esfuerzo por parte de ambos para que se dé. Como todo, la verdad.

Se quedaron un rato en silencio, una asimilando lo que había oído y el otro concediéndole ese tiempo necesario. Fue Marta quien quebró la tranquilidad con una pregunta, que brotó temblorosa de sus labios.

─Diego…

─Dime.

─Y a ti…

─¿Sí? Pregunta sin miedo.

─¿A ti te pone el sado fuerte?

Diego se echó a reír, y Marta se mordió de nuevo el labio inferior. Quiso mostrar una sonrisa, aunque fuese tenue, pero no supo qué le había salido. Su corazón latió con fuerza mientras él le respondía. Y tardó, maliciosamente, un rato en hacerlo.

CONTINUARÁ

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy intrigada por saber como sigue...

interesante relato ;)

Trokien dijo...

Espero continuar el relato en breve, pues me queda mucho por decir. Me alegro de saber que te haya intrigado, pero también yo me siento intrigado ¡por saber quién eres!

Anónimo dijo...

Solo una chica que ha descubierto tu blog y le ha gustado el relato

Me alegra saber que lo continuarás en breve

encantada de leerte

saludos

Trokien dijo...

Efectivamente, en breve lo continuaré. De hecho, ya lo tengo empezado, pero problemas diversos (tiempo, costipado) me han impedido llevarlo a cabo. Imagino que en pocos días llegará la tercera parte de Charla en una terraza. Mientras, te agradezco mucho (y a mis invisibles visitantes) tu atención y lectura.

Anónimo dijo...

muy interesante, lástima que no haya continuado, tendré que imaginarme el resto.

Anónimo dijo...

hola soy ^curiosa^
gracias por darme la direccion de tu blog
por favor continualo me gusta mucho y como mi propio nombre indica tengo mucha curiosidad por ver como continua y en que acaba

xxooxx